| Últimamente, el mundo se ha visto sumido en una enorme inestabilidad. Esto se aprecia de forma muy evidente en el ámbito geopolítico, donde las tensiones entre las potencias que han gobernado el mundo, al menos desde el final de la Guerra Fría, y las superpotencias emergentes, como Rusia y China, están alcanzando límites insospechados.
En los países occidentales, los movimientos populares contrarios al establishment están ganando cada vez más adeptos y votos, y parecen oponer resistencia a ciertos elementos de la «Agenda del Nuevo Orden Mundial».
Incluso el «Trumpster», por muy idiota y torpe que pueda parecer, llegó al poder impulsado por esa misma tendencia. Muchos siguen opinando que solo se hace el tonto y que, en realidad, está al frente de un juego de ajedrez político y mundial de cinco dimensiones.
Ya lo veremos. «Juzgadlos por sus obras» o algo así.
Lo que está claro es que, con sus gesticulaciones descontroladas, contribuye una y otra vez a desestabilizar viejas estructuras que, de todos modos, ya no funcionaban. En este
momento hay mucha «tensión en el sistema» (que, en esencia, es un sistema piramidal al final de su vida útil) y esta tensión debe liberarse, aunque no siempre resulte agradable a la vista.
Seguramente muchos de vosotros también sentís estas tensiones, tanto a través de vuestra observación como emocionalmente. Al menos a mí me pasa eso, de ahí mi ligero pánico de la semana pasada.
Como dice Ben Fulford: «Podrían volar aún unos cuantos misiles nucleares» antes de que esta situación alcance una nueva estabilidad (siempre me tomo sus historias con un grano de sal, no os preocupéis). Sin embargo, está claro que para establecer una nueva estabilidad es necesario romper e incluso destruir el antiguo y inútil sistema.
Esta ruptura se nota, por ejemplo, en que cada vez más información sobre el carácter satánico de las élites gobernantes sale a la luz en los medios de comunicación, aunque muchos aún quieran resistirse a esta información. |